domingo, 23 de noviembre de 2014

I


     Me levanto, es domingo. No un domingo de esos en los que no piensas por la resaca, no. Un domingo,  que además de ser un día después de un sábado en el que lo único que bebí fue agua, es un día antes de mi primer trabajo de verdad (o eso se creían tanto mis padres que al final he terminado creyéndome yo). 
 
     Es tarde hasta para ser domingo, no he desayunado y acabo de revisar dos textos de una amiga. Lo que me hace acordarme de nuevo de mi trabajo de adulta de mañana, no es que no me hubiese acordado ya, pero tampoco me ha ayudado para la evasión. Lo peor, si es que hay algo peor que tener más miedo que uno que tenía mucho, es que es domingo y lo único que se me ocurre es encerrarme en mi batcueva a 26ºC (literalmente, la calefacción de mi habitación está estropeada y no se dispara). Me destapo (sí, aún estoy en la cama) y también me quito el pijama; todo antes que abrir la puerta y dar a mis padres la oportunidad de asomar el hocico para ver qué se cuece por aquí (más que claro que la que se cuece soy yo y no sé por qué me autoengaño, van a abrir la puerta igualmente e intentarán adivinar si los ojos llorosos es por día depresivo o por la casi borrachera de la temperatura).  

Padre gritando desde los confines de la casa - ¿Piensas bajar?
Hija – ¡Sí (pensando en no), jawoooooohl!

     Y, como dice el refrán, no hay mal que por bien no venga. Se me quita el miedo de mañana; y me viene la desgana unida a la ira y un poco de “¿por qué, señor? ¿por qué?”.  Aquí estamos, cuatro en una casa hecha para al menos diez, pero en la que solo nos soportamos cuando estamos, a lo sumo, dos. No sé a quién odio más (un odio de mentirijilla, tampoco soy tan dramática), si al padre, a la mother mine o a la tercera en discordia, véase hermana de 17 años con pavazo del calibre tres.

     Lo único que pienso es: con mi primer sueldo me voy a vivir sola, me compro un iPhone y… mierda, necesito un coche para ir a currar, así que también me tengo que comprar un coche. Me huelo que para todo no me da el sueldo. Y me huelo que no quiero estar aquí. No aquí de aquí de mi casa; no quiero aquí de aquí de mi querido pueblo/ciudad/país (ahora sí que nos está dando el drama); así que poca solución es irme a vivir sola. Pero, si me preguntas ¿a dónde si no? Pues tampoco sé contestarte. Es el tiempo y el lugar de no saber qué hacer con tu vida. Terminas la maldita carrera, vuelves a casa de los papis…, vamos, el topicazo más cierto de todos los tiempos.

     Sé que algún día todo volverá a tener sentido, espero que ese día sea mañana a la hora de comer, cuando haya pasado la primera prueba y descubra que hacerse mayor a veces, PERO SÓLO A VECES, es bien.

     Tendréis noticias mías,
     Marta

No hay comentarios:

Publicar un comentario