Me levanto, es domingo. No un domingo de esos en los que no piensas por la resaca, no. Un domingo, que además de ser un día después de un sábado en el que lo único que bebí fue agua, es un día antes de mi primer trabajo de verdad (o eso se creían tanto mis padres que al final he terminado creyéndome yo).
Es
tarde hasta para ser domingo, no he desayunado y acabo de revisar dos textos de
una amiga. Lo que me hace acordarme de nuevo de mi trabajo de adulta de mañana,
no es que no me hubiese acordado ya, pero tampoco me ha ayudado para la
evasión. Lo peor, si es que hay algo peor que tener más miedo que uno que tenía
mucho, es que es domingo y lo único que se me ocurre es encerrarme en mi
batcueva a 26ºC (literalmente, la calefacción de mi habitación está estropeada
y no se dispara). Me destapo (sí, aún estoy en la cama) y también me quito el
pijama; todo antes que abrir la puerta y dar a mis padres la oportunidad de
asomar el hocico para ver qué se cuece por aquí (más que claro que la que se cuece soy
yo y no sé por qué me autoengaño, van a abrir la puerta igualmente e intentarán
adivinar si los ojos llorosos es por día depresivo o por la casi borrachera de
la temperatura).
Padre
gritando desde los confines de la casa - ¿Piensas bajar?
Hija
– ¡Sí (pensando en no), jawoooooohl!
Y, como dice el refrán, no hay mal que por
bien no venga. Se me quita el miedo de mañana; y me viene la desgana unida a la
ira y un poco de “¿por qué, señor? ¿por qué?”. Aquí estamos, cuatro en una casa hecha para al
menos diez, pero en la que solo nos soportamos cuando estamos, a lo sumo, dos. No
sé a quién odio más (un odio de mentirijilla, tampoco soy tan dramática), si al
padre, a la mother mine o a la tercera en discordia, véase hermana de 17 años
con pavazo del calibre tres.
Lo único que pienso es: con mi primer
sueldo me voy a vivir sola, me compro un iPhone y… mierda, necesito un coche
para ir a currar, así que también me tengo que comprar un coche. Me huelo que
para todo no me da el sueldo. Y me huelo que no quiero estar aquí. No aquí de
aquí de mi casa; no quiero aquí de aquí de mi querido pueblo/ciudad/país (ahora
sí que nos está dando el drama); así que poca solución es irme a vivir sola.
Pero, si me preguntas ¿a dónde si no? Pues tampoco sé contestarte. Es el tiempo
y el lugar de no saber qué hacer con tu vida. Terminas la maldita carrera,
vuelves a casa de los papis…, vamos, el topicazo más cierto de todos los
tiempos.
Sé que algún día todo volverá a tener
sentido, espero que ese día sea mañana a la hora de comer, cuando haya pasado
la primera prueba y descubra que hacerse mayor a veces, PERO SÓLO A VECES, es
bien.
Tendréis noticias mías,
Marta