Aquí me veis, sigo viva. Después de una semana y dos días de trabajo con un intenso fin de semana (en Toledo, sí, viaje y todo) de por medio, puedo decir que soy un poco más mayor y un poco más feliz, o lo que es lo mismo, un poco más conformista.
Es curioso como uno puede tener miedo a no saber si quiere algo y al día siguiente querer luchar por ello como si fuera lo último que te queda en la vida, aunque en el fondo pienses “joder, ni que hubieras fundado la empresa, duérmete y calla”. Pero, la ansiedad no es amiga de nadie, y contraataca obligándome a examinar cada mirada del jefe, el que DE MOMENTO, no me da razones para llorar más que San Amaro; pero quién necesita razones, teniendo mi cabeza híper pensante.
Vuelvo al presente. Y he pensado una cosa. Mi propósito de año nuevo (sí, también se pueden hacer propósitos de año nuevo en diciembre, nunca es tarde si la picha es buena) es no preocuparme por algo antes de que ocurra, lo cual veo difícil dadas mis tendencias obsesivo-compulsivas peliculeras. Pero me lo estoy tomando en serio: “Hola soy Marta, y llevo dos días, una hora y veinticinco minutos sin preocuparme”. Esto, queridos amigos, también es hacerse mayor (concretamente, dos días, una hora y veinticinco minutos más mayor), y si eso conlleva ser un poco más feliz (y un poco más conformista) creo que me está empezando a gustar.
Reply soon,
Marta
P.D: Y
dijo el señor: “a los malos os los señalaré”. Más de una vez narraba esto el salero, algo que nunca entendí hasta
hace muy poco; ya decía yo que era imposible que mi casi abuelo alguna vez no tuviera razón.